Cinco pasos para convertir el agua del grifo en agua viva
MAUNAWAI ha traducido el recorrido natural del agua, desde la nube hasta el manantial, en cinco principios que se complementan entre sí: filtración, información, optimización, armonización y biodisponibilidad.
- El carbón activo procedente de cáscaras de coco, con 170 gramos por cartucho, ofrece una superficie de filtrado efectiva de más de 270 000 metros cuadrados. Se eliminan los metales pesados, los pesticidas, el cloro y los trihalometanos (reducción del 99,2 %), mientras que los minerales se conservan.
- 21 cerámicas minerales diferentes, cocidas a más de 1000 grados Celsius, devuelven al agua una huella mineral, comparable al contacto con capas de roca natural.
- El valor del pH se desplaza ligeramente hacia el ámbito alcalino (aprox. pH 8), la dureza del agua se reduce entre un 60 % y un 70 %, y se reequilibra el equilibrio mineral (calcio, magnesio, potasio).
- Las cerámicas de turmalina generan radiación infrarroja lejana, lo que favorece la formación de clústeres de agua más pequeños y ordenados hexagonalmente. Las mediciones del IIREC confirman una frecuencia vital de 22,5 Hz y señales de resonancia de 61,0 Hz.
- Solo la interacción de los cinco principios da como resultado un agua con propiedades similares a las del agua intracelular, que el cuerpo puede absorber de forma óptima.
Filtración, información, optimización, armonización, biodisponibilidad
En la naturaleza, el agua recorre un largo proceso en su camino desde la nube hasta el manantial. Se filtra a través de las capas terrestres, fluye sobre las piedras, entra en contacto con minerales, es procesada por microorganismos y, finalmente, encuentra su camino hacia la luz: clara, viva y llena de energía. Este proceso no puede imitarse en un solo paso. Requiere varias etapas que se complementan entre sí.
En MAUNAWAI hemos traducido este proceso natural en cinco principios. Cada principio corresponde a una fase por la que pasa el agua en la naturaleza —y que nuestro sistema de filtrado reproduce paso a paso—.
Principio 1: Filtración
El primer paso es el más obvio: lo que no pertenece al agua debe eliminarse. En la naturaleza, las capas de tierra, la grava y la arena se encargan de esta tarea. En nuestros sistemas de filtración, el carbón activo procedente de cáscaras de coco y una membrana cerámica de alta calidad trabajan conjuntamente para eliminar de forma selectiva las sustancias nocivas.
El carbón activo es el núcleo de la filtración mecánica. Solo cuatro gramos de carbón activo tienen una superficie interna equivalente a un campo de fútbol: unos 6400 metros cuadrados. Nuestros cartuchos contienen 170 gramos, lo que equivale a una superficie efectiva de más de 270 000 metros cuadrados. Esta enorme superficie permite retener eficazmente sustancias nocivas como metales pesados, pesticidas, residuos de medicamentos, cloro y trihalometanos.
Es importante destacar que la filtración elimina de forma selectiva las sustancias nocivas, pero conserva los valiosos minerales y oligoelementos del agua. Esto nos diferencia fundamentalmente de sistemas como la ósmosis inversa, que lo eliminan todo, tanto lo malo como lo bueno.
Los resultados de los análisis independientes hablan por sí solos: los metales pesados se reducen por debajo del límite de determinación. El cloro desaparece por completo. Los trihalometanos se eliminan en un 99,2 %. Tras la filtración, los pesticidas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos se sitúan por debajo del límite de detección. Todo ello, mientras que el calcio, el magnesio y el potasio se conservan en el agua.
Principio 2: Información
En la naturaleza, no basta con simplemente «limpiar» el agua. El agua que fluye a través de capas rocosas naturales entra en contacto con cientos de minerales. Al hacerlo, no solo absorbe sustancias, sino que se ve marcada por la interacción con estos minerales: adquiere una característica específica, una especie de huella mineral.
Nuestros cartuchos filtrantes contienen 21 cerámicas minerales diferentes y altamente porosas. Cada una de estas cerámicas se ha cocido a más de 1000 grados Celsius, un laborioso proceso que integra de forma permanente las propiedades naturales de los minerales en la matriz cerámica. Cuando el agua fluye a través de estas cerámicas, interactúa con los minerales, de forma similar a como ocurre en la naturaleza.
Entre los materiales utilizados se encuentran, entre otros, la shungita noble con su alto contenido en fullerenos, granulado de zeolita, cerámica de arena de coral y diversas bio-cerámicas. Cada material cumple una función específica en el proceso global, y solo gracias a la interacción de las 21 cerámicas se consigue la calidad especial del agua MAUNAWAI. Esta mezcla cerámica ha sido desarrollada en exclusiva para MAUNAWAI y no está disponible en otros fabricantes.
Principio 3: Optimización
El agua de manantial natural presenta determinadas propiedades físicas y químicas: un pH ligeramente alcalino, un potencial redox específico y un equilibrio mineral equilibrado. El agua corriente normal suele desviarse de estos valores, no de forma drástica, pero sí perceptible.
En este paso se reequilibra el equilibrio mineral del agua. La arena de coral de nuestras cerámicas actúa como un intercambiador catiónico natural: el calcio, que tiene una mayor afinidad de unión, desplaza al magnesio adherido a la matriz cerámica. De este modo, el contenido de magnesio del agua aumenta de forma natural. Al mismo tiempo, los iones de metales alcalinos, como el potasio, se intercambian por iones de calcio en una proporción de 2:1.
En esta etapa, el valor del pH también se desplaza ligeramente hacia el lado básico, hasta alcanzar aproximadamente un pH de 8.
Esto se corresponde con el valor de pH que presentan muchas aguas de manantial naturales. El potencial redox también aumenta ligeramente y la dureza del agua se reduce en un 60-70 %. El resultado es un agua cuyas propiedades químicas y físicas se acercan mucho más al agua de manantial natural que el agua del grifo de partida.
Principio 4: Armonización
En la naturaleza, el agua no fluye en línea recta. Se arremolina, gira, fluye sobre obstáculos y a través de estrechas grietas. Este movimiento no es casual: influye en la estructura de los clústeres del agua. Se rompen los grandes grupos moleculares desordenados y se forman estructuras más pequeñas y ordenadas.
En nuestros cartuchos filtrantes, este efecto de remolino se genera de forma específica. Las diferentes capas cerámicas están dispuestas de tal manera que el agua no fluye simplemente a través de ellas, sino que se producen turbulencias. Además, las esferas de cerámica de turmalina emiten radiación infrarroja lejana (FIR) natural, que entra en resonancia con las moléculas de agua. Este proceso debilita la cohesión de los grandes clústeres de agua y favorece la formación de estructuras más pequeñas y ordenadas hexagonalmente.
Principio 5: Biodisponibilidad
El último paso es, al mismo tiempo, el más importante: el agua no solo debe estar limpia y ser rica en minerales, sino que su cuerpo también debe poder absorberla de forma óptima. La biodisponibilidad significa: ¿en qué medida puede su cuerpo aprovechar lo que contiene el agua?
Los clústeres de agua más pequeños tienen una mayor superficie efectiva y una menor viscosidad. Pueden atravesar más fácilmente las acuaporinas, los canales de agua de sus membranas celulares. Estudios independientes del Instituto IIREC confirman que el agua MAUNAWAI, tras su filtración, presenta propiedades similares a las del agua celular: una frecuencia vital pronunciada de 22,5 Hz y señales de resonancia de 61,0 Hz, que se asocian con la función de la membrana celular.
Esto también se refleja en la práctica: muchos de nuestros clientes y clientas informan de que el agua MAUNAWAI tiene un sabor más suave, parece más fresca y el cuerpo la asimila mejor. Algunos notan que beben más, simplemente porque el agua sabe mejor. Otros informan de mejoras en el aspecto de la piel, la digestión o el bienestar general. Se trata de experiencias personales, no de promesas médicas. Pero demuestran que la biodisponibilidad no es un concepto abstracto: es perceptible.
La interacción marca la diferencia
Ninguno de los cinco principios funciona por sí solo. Es la interacción de todas las etapas lo que marca la diferencia. Un filtro de carbón activo puro puede filtrar, pero no optimizar. Un intercambiador de iones puede modificar los minerales, pero no armonizarlos. Solo la combinación de los cinco principios —en el orden correcto, con los materiales adecuados— da como resultado un agua cuyas propiedades se acercan a las del agua de manantial natural.
En pocas palabras: al final del proceso de filtrado se obtiene un agua que su cuerpo no solo puede beber, sino que realmente puede aprovechar.