Un montón de piedras oscuras y toscamente talladas yace sobre una superficie marmolada y con relieve, frente a un fondo difuminado y suavemente iluminado. Shungita
Ede

Tiene dos mil millones de años. En 1996 se concedió el Premio Nobel por sus componentes.

Carelia, noroeste de Rusia
Edad
unos 2.000 millones de años
contenido de carbono
entre el 95 % y el 98 %
Lo que une
radicales libres, compuestos organoclorados, exceso de metales

Schungita noble

Una roca de carbono poco común procedente de Carelia que purifica el agua, neutraliza los radicales libres y es conocida desde hace trescientos años como fuente curativa. En nuestros filtros, la shungita noble se encarga de eliminar del agua todas aquellas sustancias que no deberían estar presentes en ella.

¿Qué es eso?

La shungita noble es una roca de carbono que se encuentra casi exclusivamente en una única región del mundo: en Carelia, al noroeste de Rusia, en los alrededores del lago Onega. Se estima que estos yacimientos tienen unos dos mil millones de años, lo que los convierte en uno de los depósitos de carbono más antiguos de nuestro planeta.

Lo que distingue a la shungita noble de la shungita común es su pureza. Mientras que la shungita común contiene entre un 30 % y un 60 % de carbono, la shungita noble alcanza valores de entre el 95 % y el 98 %. El resto son silicatos y oligoelementos.

El hecho de que esta roca desempeñe hoy en día un papel en el tratamiento del agua se debe a un descubrimiento que valió a la ciencia un Premio Nobel en 1996. Más información al respecto en el siguiente apartado.

Cómo actúa en el agua

La schungita noble contiene fullerenos. Se trata de moléculas de carbono esféricas que se sintetizaron por primera vez en 1985. Sus descubridores, Robert Curl, Harald Kroto y Richard Smalley, recibieron por ello el Premio Nobel de Química. El fullereno más conocido es el C₆₀, una molécula compuesta por 60 átomos de carbono cuya forma recuerda a un balón de fútbol. Los arquitectos conocen esta misma geometría por las cúpulas geodésicas de Buckminster Fuller, de ahí su nombre.

La sorpresa llegó más tarde: estas moléculas no solo existen en el laboratorio, sino también en la naturaleza. La shungita noble es uno de los pocos yacimientos conocidos.

 En 1996, tres investigadores recibieron el Premio Nobel por el descubrimiento de los fullerenos en el laboratorio. Lo que no sabían es que la naturaleza lleva dos mil millones de años produciendo estas moléculas. En un único lugar del mundo.

En el agua, los fullerenos ejercen dos efectos que resultan decisivos para la calidad del agua potable:

Capturan radicales libres. En el ámbito de la investigación, los fullerenos se consideran «captadores de radicales». Absorben compuestos reactivos de oxígeno y los neutralizan. Esta es también la razón por la que actualmente se utilizan en cremas antienvejecimiento y son objeto de investigación en el ámbito médico.

Tienen un efecto catalítico. En el filtro, los fullerenos aceleran la oxidación de compuestos químicos que no deberían estar presentes en el agua del grifo. Entre ellos se incluyen los compuestos organoclorados, los nitratos, los nitritos y las cantidades excesivas de hierro, manganeso o cobre. La schungita noble clarifica el agua visualmente y la hace insípida e inodora.

Importante: la shungita noble no reacciona químicamente ni siquiera con ácido hirviendo. No libera al agua nada que no deba estar allí. Eso es precisamente lo que la hace tan fiable como medio filtrante.

La schungita noble no reacciona químicamente ni siquiera con ácido herviente. No libera al agua nada que no deba estar allí. Precisamente eso es lo que la convierte en un medio filtrante tan fiable.

La historia que hay detrás

Mucho antes de que nadie conociera la palabra «fullereno», los habitantes de Carelia ya conocían los efectos del agua que fluía a través de la shungita. En 1714, un granjero llamado Iván Reboev descubrió un manantial ferroso cerca de los yacimientos de shungita. Poco después, Pedro el Grande convirtió el lugar en el primer balneario ruso y bautizó el agua como «agua marcial», en honor al dios romano de la guerra, Marte.

El zar viajó allí en cuatro ocasiones, en los años 1719, 1720, 1722 y 1724. Las fuentes se siguen utilizando hasta hoy. Lo que en aquel entonces era conocimiento empírico, hoy se puede explicar a nivel molecular.

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