De la investigación japonesa sobre los brotes a su mesa
La tecnología Pi se descubrió en Japón cuando unos investigadores estudiaban el proceso de crecimiento de los brotes vegetales. Descubrieron que ciertos compuestos de hierro, en bajas concentraciones, conferían propiedades especiales al agua circundante. MAUNAWAI lleva desde 1996 desarrollando esta investigación básica para su aplicación en la vida cotidiana.
- Investigadores japoneses descubrieron que las sales de hierro (II) y hierro (III), en combinación con aminoácidos, forman un complejo que mantiene el agua fresca durante más tiempo, aumenta la tensión superficial y favorece el crecimiento de las plantas.
- En 1996, la familia Knoch obtuvo los derechos para la distribución y el desarrollo de la tecnología Pi en Europa. La fundadora, Maria Knoch, descubrió este procedimiento mientras buscaba una solución para la dermatitis atópica de su hijo.
- MAUNAWAI desarrolló sus propias fórmulas cerámicas (21 cerámicas minerales), integró shungita noble con fullerenos y una nueva bio-cerámica infrarroja de turmalina. Estos materiales son exclusivos y no están disponibles en ningún otro fabricante.
- La tecnología Pi se diferencia del agua «energizada» o «informada»: se basa en procesos físicos y químicos medibles, documentados en pruebas de laboratorio independientes y certificados por la CE según la norma EN 17093:2018.
- La última generación de cartuchos se fabrica en nuestras propias instalaciones de la UE y, según los informes de ensayo, ofrece una calidad del agua aún mayor.
De la investigación japonesa sobre yemas al desarrollo de MAUNAWAI
La historia de la tecnología Pi no comienza en un laboratorio de agua, sino en un instituto de investigación botánica de Japón. Dos científicos se plantearon una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué ocurre en una planta cuando de un brote surge una hoja o una flor? ¿Intervienen las hormonas en este proceso? ¿Y es posible comprender estos procesos de crecimiento?
El descubrimiento
Durante sus investigaciones, los investigadores descubrieron algo inesperado. Ciertos compuestos de hierro —sales de hierro (II) y hierro (III) en concentraciones muy bajas— podían formar, en combinación con aminoácidos, un complejo que se activaba en el agua circundante. Esta agua presentaba propiedades especiales: se mantenía fresca durante más tiempo, tenía una mayor tensión superficial y favorecía visiblemente el crecimiento de las plantas.
Los investigadores la denominaron «agua pi», derivado de la palabra griega «pi», que significa «zona limítrofe». Y es que la sustancia rica en energía que observaron se formaba en las interfaces del agua —en los bordes, allí donde el agua entra en contacto con otras superficies—. Esta fina capa de membrana, que toda el agua forma en sus interfaces, es visible a simple vista: es la tensión superficial la que permite a los insectos caminar sobre el agua.
Del laboratorio a la agricultura
Las primeras aplicaciones prácticas arrojaron resultados impresionantes. Al utilizar el agua Pi en la agricultura, se observaron rendimientos de cosecha notablemente mejores. Las plantas regadas con agua Pi mostraron un mayor crecimiento radicular, brotes más vigorosos y una mayor vitalidad. También se han descrito efectos positivos en la ganadería.
Los investigadores observaron además que el agua Pi presentaba una tensión superficial mayor y se mantenía fresca durante más tiempo que el agua corriente. No se «alteraba» tan rápidamente y conservaba su sabor durante más tiempo. Esta capacidad de conservación indicaba que el agua poseía una estructura interna más estable, una propiedad que se debía a la interacción de los complejos de hierro con las moléculas de agua.
Sin embargo, en ese momento los científicos aún no tenían una explicación completa para todos los efectos. El agua Pi funcionaba, pero los mecanismos subyacentes aún no se comprendían del todo. A raíz de ello, la investigación básica universitaria no se continuó con la misma intensidad.
El camino hacia Europa
En 1996 ocurrieron dos acontecimientos que dieron un nuevo impulso a la tecnología Pi. En Japón, el hijo del emperador japonés también se pronunció favorablemente sobre el agua Pi. Y en Alemania, la familia Knoch —fundadores de MAUNAWAI— obtuvo los derechos para la distribución y el desarrollo de la tecnología Pi en Europa.
María Knoch, fundadora de MAUNAWAI, había descubierto la vitalización del agua Pi en su búsqueda personal de una solución para la dermatitis atópica de su hijo Mathias. Cuando conoció la tecnología, supo de inmediato: esa era el agua que había estado buscando. Desde entonces —es decir, desde hace casi 30 años— se dedica al desarrollo de la filtración Pi.
Lo que MAUNAWAI ha perfeccionado
La investigación básica japonesa sentó las bases. MAUNAWAI partió de ahí y optimizó la tecnología para su uso cotidiano. Las principales mejoras incluyen:
Fórmulas cerámicas propias: MAUNAWAI ha desarrollado una mezcla patentada de 21 cerámicas minerales diferentes, que se cuecen en un laborioso proceso a más de 1000 grados Celsius. Estas cerámicas son exclusivas de MAUNAWAI y no están disponibles en otros fabricantes.
Integración de shungita noble: El uso de shungita noble, con su alto contenido en fullerenos (95-98 % de carbono), como capa filtrante fue una innovación de MAUNAWAI. Los fullerenos desarrollan propiedades catalíticas en el agua y favorecen la purificación.
Nueva bio-cerámica infrarroja: Las esferas de cerámica de turmalina, desarrolladas específicamente, emiten radiación infrarroja lejana en el rango de longitudes de onda biológicamente relevante de 5,6 a 1.000 micrómetros. Esta radiación entra en resonancia con las moléculas de agua y favorece la formación de estructuras de clústeres más pequeños.
Principio de la gravedad: mientras que muchos sistemas de filtrado dependen de la presión del agua o de bombas eléctricas, MAUNAWAI ha apostado de forma consecuente por el principio de la gravedad: el agua fluye por gravedad a través de las capas filtrantes, sin presión externa.
La tecnología Pi en la actualidad
Hoy en día, la tecnología Pi de MAUNAWAI es el resultado de décadas de investigación y desarrollo: desde el descubrimiento japonés, pasando por la adaptación europea, hasta la producción propia. Cada generación de cartuchos filtrantes aporta mejoras. La última generación, que se produce en nuestras propias instalaciones de Hungría, muestra, según los informes de pruebas, una calidad del agua aún mayor.
Pero hay algo que no ha cambiado desde los inicios: el principio básico. No añadimos nada artificial al agua. Eliminamos lo que no debe estar en ella y creamos las condiciones para que el agua recupere sus propiedades naturales. La tecnología Pi no es un invento en el sentido clásico: es una traducción de la naturaleza a un sistema técnicamente reproducible. Y eso es precisamente lo que la hace tan especial: no está ligada a un lugar concreto, como un manantial natural, sino que puede utilizarse en cualquier lugar donde haya agua del grifo.
Maria Knoch lo resume así: «Mi objetivo es que cualquier persona que desee beber agua buena y natural pueda permitírselo». Lleva casi 30 años trabajando para hacer realidad este objetivo, con el Kini como opción asequible y el PiPrime como solución premium para las familias.
Lo que distingue al agua Pi de otras aguas «especiales»
Existen muchos términos en el mercado: agua energizada, agua informada, agua revitalizada. Algunos de estos conceptos se basan en fenómenos medibles, otros más bien en creencias. La tecnología Pi se diferencia de ellos en un punto esencial: se basa en procesos físicos y químicos que son comprensibles y medibles. La filtración mediante carbón activo es una tecnología reconocida. El intercambio iónico mediante cerámicas minerales es química. La radiación infrarroja lejana de las cerámicas de turmalina es física. Y los resultados están documentados en pruebas de laboratorio independientes: por el Instituto IIREC y en la certificación CE según la norma EN 17093:2018.